Reseña de Raquel Garzón para Ñ

Enfermos gozosos de literatura

 

28/09/2015

Escritores o aspirantes a artistas protagonizan muchos libros recientes. Un listado incompleto une, por ejemplo, Formas de volver a casa, de Alejandro Zambra con En la pausa, de Diego Meret y el reciente Los Modlin, de Paco Gómez: la crónica de una familia que “harta de fracasar en Hollywood” se mudó a Madrid en los años 70. La salida del primer volumen de Los diarios de Emilio Renzi (reseñado por Sergio Chejfec en Ñ 622) retoma el tema en una de las novedades literarias más esperadas de 2015: “¿Cómo se convierte alguien en escritor –o es convertido en escritor–?”, se pregunta allí Ricardo Piglia. “No es una vocación, a quién se le ocurre, no es una decisión tampoco, se parece más bien a una manía, un hábito, una adicción, si uno deja de hacerlo se siente peor, pero tener que hacerlo es ridículo, y al final se convierte en un modo de vivir (como cualquier otro).” El ansia, la revista de literatura argentina que dirige José María Brindisi, va más allá: propone al escritor como objeto de estudio. No se trata aquí de abordar la noción del autor como personaje público, performer o entertainer, tan frecuente hoy en festivales y jams de escritura, sino de indagar cómo siente, en qué piensa, qué riesgos corre, de qué modo literatura y cotidianidad se entreveran en sus decisiones para delinear una obra original. Tres autores por año, retratos exhaustivos y cuidadas producciones fotográficas distinguen la publicación. Con dos números en la calle, el proyecto comienza a delinear su horizonte: una biblioteca tan exquisita como imprescindible para lectores sofisticados. Marcelo Cohen, Hernán Ronsino y Alberto Laiseca protagonizan la primera entrega; Edgardo Cozarinsky, Gustavo Ferreyra y Luis Chitarroni, la segunda.

La ilusión templa la fiebre. Hay que estar enamorado de una idea para lanzar una revista en papel de más de trescientas páginas sobre autores que escriben a contramano de la ambición del best-séller y cuando las pantallas parecen ser la superficie en la que –tecnología y ecología mediante– leeremos casi todo. Celebramos el metejón de una publicación que lleva el nombre de su diagnóstico: “El ansia no nos deja dormir, y si lo hace nos acostumbra a vivir –y dormir– con fantasmas (…) El escritor es presa del ansia, y el ansia es su modo de vivir y morir en la literatura”.

Si la obra habla, la revista decide recostarse en lo no dicho y en las entrelíneas, dibujando un identikit de los autores elegidos, gracias a entrevistas y perfiles (“Versiones”, se llama esta sección) y a selecciones de sus “Lecturas” y escritos (“Primera persona”). “Seguirlos, pensé, rodearlos, meternos en sus vidas no para revelar sus enigmas sino para ser partícipes de su silencio. Hacerlos hablar para que nunca den en el clavo”, explica Brindisi.

En El ansia los escritores, sus obsesiones, radicalidad y vagabundeos, son razón de análisis, conversación e imaginación. Se recomienda leerla en estéreo con El mal de Montano, un libro del catalán Enrique Vila-Matas, a quien la Feria del Libro de Guadalajara premió recientemente: la historia de un narrador tan enfermo de literatura, que decide encarnarla y transformarse en memoria de la biblioteca universal.

Fuente: http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Enfermos-gozosos-literatura_0_1438056185.html