Nota de Alejandro Stilman para MECENAS

El escritor aquí tiene quién le escriba (y lo lea)

En su segunda entrega, la revista El Ansia invita a sumergirse en el mundo de tres autores con un abordaje dinámico y polifacético. Con formato de libro y cuidado diseño se indagan textos, ideas y preferencias de Edgardo Cozarinsky, Gustavo Ferreyra y Luis Chitarroni. Un material que el escritor José María Brindisi, director de la publicación, vislumbra como constitutivo de un corpus actualizado de nuestras letras.

 

Las ideas a veces aparecen en los lugares y situaciones menos pensados. Esta paradoja se confirma en la inmensa lista que nutre a la historia de la ciencia y las artes, así como seguramente también en los incontables fracasos -para el caso, un aluvión de excepciones que confirma la regla- y de los que comprensiblemente casi no existe huella ni registro.

El caso de El Ansia está ligado al mar (dicho esto sin forzar ninguna escenografía poética) y se inscribe en la nómina de las creaciones afortunadas. Es su creador, el escritor José María Brindisi, quien repasó con MECENAS el origen y la naturaleza de esta revista/libro anual, de más de trescientas páginas, que en marzo pasado lanzó su segunda entrega.

“Hace unos cinco años estábamos en la playa con mi mujer y nos preguntábamos qué haríamos si tuviéramos plata. Ella dijo que le gustaría sería sacar un sello, poner una pequeña editorial. Aunque Silvia (Badariotti) no es escritora, es una gran lectora y siempre estuvo relacionada con el tema. A mí me pasaba lo mismo”.

Brindisi reconoce que en esos días quería hacer “demasiadas cosas” en relación con la literatura y de esa charla distraída germinó un intento frustrado al que le siguieron otros proyectos que nunca sortearon la fase enunciativa. Finalmente, en 2013 el deseo esbozado en la playa cristalizó en el primer número de El Ansia. Esa entrega estuvo dedicada a la obra de Marcelo Cohen, Alberto Laiseca y Hernán Ronsino.

Una consigna interna rigió la salida del primer número: “Me dije que de ninguna manera el proyecto debía empezar por invertir energías en la obtención de recursos, de dinero. Lo charlé con mi mujer. No teníamos que perder ni un minuto en buscar publicidad. La revista no se proponía autofinanciarse; el que creyera eso estaba entendiendo mal la idea. Claro que eso no significaba que no fuéramos a recuperar una parte”.

Para ese momento a Brindisi no se le cruzaba por la cabeza recurrir a Mecenazgo. “Yo puse algo de plata, mi mujer también, y algunos amigos hicieron lo mismo. La librera Marta Menéndez nos compró cien libros por adelantado. Todo eso ayudó. Y así salimos”.

El ejemplar que Brindisi nos entrega -una hora antes de empezar su clase para escritores en Casa de Letras- es el segundo número de El Ansia, salido de imprenta a comienzos de este año, esta vez sí apoyado por Mecenazgo.

Preguntamos

-¿Por qué El Ansia?

-Ese fue el nombre que se nos dio por ponerle al proyecto de la editorial de la que habíamos hablado en la playa. Yo establezco una diferencia entre la ansiedad o la simple ansiedad y el ansia, que es una cosa mucho más amplia. El del escritor es un trabajo tremendamente placentero, pero es un trabajo. Y lo cierto es que los que escribimos padecemos una angustia “linda” si queremos definirla así, pero angustia al fin. Entrás a una librería y te das cuenta de que no te va a alcanzar la vida para leer todo lo que hay, y eso no porque hay que leer todo para ser el campeón de la sobremesa sino porque está bueno, por una avidez, una cosa descontrolada, incontrolable. Somos así, la avidez, el hambre.

-Más allá del entusiasmo, la disposición, hay cuestiones clave ineludibles. La distribución, por ejemplo.

-Y no solo eso. Contamos con un comité editorial y muchos colaboradores. Y aunque en las revistas literarias no se acostumbra a pagar colaboraciones, nosotros tenemos la idea de que sí: una cosa es pagar mal y otra es no pagar. En cuanto a la distribución, por ahora seguimos a pulmón, por CABA y varias capitales de provincias. La idea es dejarla en donde valoren no solo a la revista sino este tipo de proyecto. A lo mejor en algún momento deleguemos la distribución, pero yo sigo creyendo que el contacto tiene que ser personal. Nos interesa que la revista le importe al librero y no la mande al fondo del local. Por eso también llegamos a través de algunos amigos al exterior: Santa Cruz de la Sierra, a dos lugares de Bogotá y a algunas bibliotecas. Para mí esto es importante ya que dentro de algunos años puede ir quedando armado una especie de corpus de la literatura argentina con más de cien páginas dedicadas a cada autor.

-Muchos revistas literarias de la Argentina apelaron, cado uno a su tiempo, o la muletilla de “llegar para ocupar un espacio vacío”, a cubrir una falta. ¿Es el caso de El Ansia?

-Yo no levanto la bandera de venir a llenar ese famoso espacio porque en definitiva sé que nadie termina de inventar nadó pero, bueno, cuando alguien me dice “la verdad que está buena porque de esto no había”, tengo que admitir que es un poco cierto. Con estas características, con tres dossieres de más de cien páginas, cada uno dedicado a un autor, de frecuencia anual, la verdad que no había. Pero además de eso tiene algunos rasgos que son particulares. La crónica es algo distintivo, va siempre al principio. Nos decimos, bien, vamos a trabajar sobre tal autor, de acuerdo: vayamos a comer un par de veces con él; si le gusta nadar, le pediremos que nos deje acompañarlo una tarde a ir a nadar, si es hincha de Chacarita, perfecto, vamos juntos a ver un partido. La idea es conocerlo. Una de las pocas cosas que tengo metidas de la facultad es que no me interesa la lectura biograficista. Tranquilamente puedo charlar con un amigo y pensar la vida de Kafka, leer diez textos dialogando con su vida, pero para mí su vida no está en sus textos, es otra dimensión. No es la vida dentro de su obra sino la obra como una parte fundamental de su vida. Lo dejé explícito en el primer editorial: buscamos retratarlos, descubrir qué hay de ellos en nosotros, en sus gestos, en sus rituales, en sus pasiones.

-¿Cómo se traduce esto en la edición?

-Con las crónicas, las anécdotas. Hay algunas que son imperdibles. O, por ejemplo, si a tal autor le gusta el ícono de las italianas pulposas de los años sesenta, bueno, le dedicaremos dos páginas a esas mujeres. Puede ser gracioso pero pertenece a la realidad del autor. Pero ese es uno de los tópicos. Después está todo lo demás. Hay textos más densos, más teóricos sobre la obra de cada uno. Sus propios textos, y una selección de los de sus autores preferidos.

-¿A qué perfil de lector se dirigen?

-Es una revista para un lector muy amplio realmente. No está pensada para un lector con formación académica como alguno podría suponer. Yo digo que Borges es un escritor para todos, pero lógicamente, los textos tienen capas.

-Si se pudiera hablar de finalidad, ¿cuál es lo de lo revista?

-Lo que yo quiero es ofrecer algo representativo del estado de cosas en la literatura argentina actual. Eso es lo que se propone la revista. En el plano personal, con mi mujer, la motivación fue las ganas de trabajar compartiendo cotidianamente un contenido literario. Ya no sé en donde escribí que, bueno, es así, haciendo esto como a nosotros nos gusta vivir, que es así como nos gusta gastar nuestro tiempo.

VIDA Y OBRA POR TRIPLICADO

Esta edición de El Ansia, con sus 304 páginas y mil ejemplares en circulación, se distancia de la revista tradicional en el código de los puestos de diarios. Por formato y tamaño puede reclamar su legítima pertenencia a la familia de los libros. Diseñada por Julián Fernández Mouján, con profusión de fotografías, ilustraciones y viñetas en blanco y negro, propone explorar los universos de Edgardo Cozarinsky, Gustavo Ferreyra y Luis Chitarroni. Sobre cada autor se ensaya un escaneo a través de cien páginas promedio mediante una “maniobra de pinzas” circunferencial, masiva, casi lisérgica, podría decirse, y no por lo alucinante sino por lo multipolar. El esquema se repite en cada caso: tres secciones componen los rompecabezas concebidos no para armarse necesariamente, pero sí para esbozar el identikit. En Versiones, las crónicas sobrevuelan marchas, conferencias, sobremesas o eventuales anécdotas apartadas de cualquier eje, sin dejar de centrarse en el autor visto como personaje. En Lecturas, un recorte de algunos de sus textos preferidos antecede a En primera persona, páginas en donde aparecen los propios, elegidos por el comité editorial. De tal modo, estos encuentros con Cozarinsky, Ferreyra o Chitarroni llevarán a cruzarse también con narraciones de Silvina Ocampo y Fogwill; Aníbal Jarkowski y María Pía López; un poema de Susana Thénon y un diario de Alberto Girri. Es que al mejor estilo de una rayuela sin Maga pero mágica, El Ansia invita a una lectura lúdica, no correlativa -podrán decirnos “de eso se trata una revista” y defenderemos su alma de libro- para viajar entre paisajes y climas diversos, aunque siempre emparentados por la densa temperatura literaria.

EL AUTOR, LOS AUTORES

José María Brindisi (1969) es el director de El Ansia. Periodista, cuentista y novelista, a los 23 años ganó el Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes (cuentos). Publicó, entre otros, el libro de cuentos Permanece oro (Ed. Sudamericana, 1996) y las novelas Berlín (Ed. Sudamericana, 2001), Frenesí (Emecé, 2006) y Placebo (Entropía, 2010). Sus notas se han podido leer en las revistas Rolling Stone, 3 Puntos, Gargantúa y los diarios Página 12, Perfil y La Nación.

Edgardo Cozarinsky (1939), novelista, cuentista, ensayista, cineasta. Publicó, entre otros: Vudú urbano (1985), La novia de Odessa (2001), El pase del testigo (2001), El rufián moldavo (2004), Museo del chisme (2005), iBurundanga! (2009), Lejos de dónde (2009), Blues (2010), Dinero paro fantasmas (2012), En ausencia de guerra (2015).

Gustavo Ferreyra (1963), sociólogo, novelista. Publicó: El amparo (1994), El perdón (1997), El desamparo (2001), Gineceo (2001), Vértice (2004), El director (2005), Piquito de oro (2009), Dóberman (2010), La familia (2014).

Luis Chitarroni (1958), editor, ensayista, narrador. Publicó, entre otros: Siluetas (1992), El carapálida (1997), Los escritores de los escritores (1997), Peripecias del no: Diario de una novela inconclusa (2007), Ejercicio de la incertidumbre (2007), Mil tazas de té (2008), La muerte de los filósofos en manos de los escritores (2009).

EL PROYECTO

2332/RPC/2014

El Ansia

José María Brindisi

Marzo de 2015

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